En muchas ocasiones me sentí culpable pensando que había hecho mal, ¿Había fracasado como madre? ¿Era mi culpa?No tenía idea de cómo iba a enfrentar a mi familia, a la sociedad, tenía miedo por mí, por ellas. Yo enganchadas en prejuicios que solo me condujeron a vivir una experiencia tormentosa hasta que pude reconocer y confrontar la situación y eliminar mis prejuicios. Te confieso que no fue fácil pero lo hice porque no solo estaba afectando mi vida sino también las de mis hijas.Aprendí a respetar, a no etiquetar, a hacer un lado mis paradigmas y prejuicios tontos para así comenzar a amarlas sin condición.He decidido compartir contigo estás tres experiencias en mi vida y algunos consejos que te ayudarán a entender, a vivir el proceso y los cambios que tuve que hacer.Hoy en día, nuestra relación en familia es mejor que nunca y lo más importante es que mis hijos son libres, no tienen que avergonzarse de los que sienten y mucho menos de los que son.